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Dejemos de poner nuestro corazón en las cosas pasajeras

Dejemos de poner nuestro corazón en las cosas pasajeras

Estamos en tiempo de Adviento, tiempo santo de preparación para la Navidad. 

Siempre que vamos a tener un gran acontecimiento en nuestras vidas, nos preparamos. Así se preparaban en los tiempos antiguos para la llegada del MESÍAS. Así nosotros hemos de prepararnos para esta Nochebuena, para esta Navidad en que celebraremos la llegada del Niño-Dios. 

Esto es una conmemoración, pero también se nos pide una preparación muy especial para la segunda llegada de Jesucristo como Supremo Juez, también llamada Parusía en la que daremos cuenta del provecho que hayamos sacado de su Nacimiento y de su muerte de Cruz. 

El día en que hemos e morir es el acontecimiento más grande e importante para el ser humano. No resulta agradable hablar de ello ni pensar en esto. Tal vez por ser lo único cierto que hay en nuestra vida: la muerte. Es más agradable quedarnos en la fiesta, en la alegría de una hermosa Navidad. Pero no olvidemos que este episodio ya fue. El otro está por venir. Aún no llega, pero ... llegará. "Velen, pues, y hagan oración continuamente para que puedan comparecer seguros ante el Hijo del Hombre" - estas son las palabras de Jesús a sus discípulos, en aquellos tiempos según San Juan 21, 25-28,34-36 y nos las están repitiendo continuamente en nuestro presente. 

Dejemos de poner nuestro corazón en las cosas pasajeras y pensemos más en los bienes eternos. ¿Quién podrá comparecer seguro ante el Hijo del Hombre? Tan solo el pensamiento de este Juicio nos hace estremecer. 

Pero recobremos la esperanza sabiendo que seremos juzgados con gran misericordia y amor si en este tiempo de Adviento nos preparamos "rebosante de amor mutuo y hacia los demás" -como dice San Pablo en su carta a los tesalonicenses: 3,12, 2-4 "porque tuve sed y me disteis de beber, porque tuve hambre y me disteis de comer"... 

Pensemos en los demás. Olvidemos en este tiempo de Adviento nuestro pequeño mundo y volvamos los ojos a los que nos necesitan, a los que nada tienen, a los que podemos hacer felices dándoles nuestra compañía, nuestro amor y apoyo, una palabra de ternura y aliento, una sonrisa... Siempre está en nuestra mano hacer dichoso a un semejante. Solo así podremos estar seguros ante la presencia y el Juicio de Nuestro Señor Jesucristo que lleno de amor y misericordia unirá a nuestras pobres acciones los méritos de su Pasión y muerte. mas
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Los procesos y etapas.

Los procesos y etapas.
Bendiciones hermanos, este es un tema que muchos tenemos la oportunidad de pasar o cruzar o estancarnos, vamos a verlo de una forma bien aérea pero con la finalidad de que quede en reflexión para todos.

Recuerdo hace muchos años estando yo en la pastoral juvenil como integrante de la misma y participe de todas sus actividades, una situación que hoy día a mis 31 años aun la llevo en la mente. Recuerdo que todo era especial y jalaba los días en la que la pastoral tenia actividades o reuniones con un deseo fervoroso de participar.
Escuchaba decir a los mayores que yo que eso solo era una etapa que luego llegaran otras etapas y que ya mis energía de servir no serian las mismas. Realmente nunca le di muchas importancia por que en aquel tiempo yo decía y hoy mismo sigo diciendo que no sirvo solo por servir yo sirvo por que amo, a quien me envía a dar la vida por lo demás.

Veía personas entrar y salir del grupo pasaban los mese y los años y ellos siempre en el mismo lugar espiritualmente, como si solo querían quedarse ahí o mas bien que no tenia la vista puesta en mas allá de unas butacas, y ahí hay un factor problema por que no se ven como Dios quiere que se vean, no tienen sueños, ambiciones les falta la sal de la Fe.

Pero también vi personas que llegaron a un punto de su fe en el que no quería avanzar y solo se quedaban ahí, cuando vives con tu familia tienes responsabilidades familiares lo que te corresponde como hijo, obedecer  a tus padres, pero cuando sales ya de casas y formar tu familia adquieres otras responsabilidades y estas listo aun que así no parezca pues has vividos todas los procesos y como hijo en tu hogar, puesto que aun cuando salgas de casa seguirás aprendiendo otros procesos.

Pues así mismo es el servir llega un momentos en el que indiscutible mente tienes que avanzar y dejar el paso a otros, y tomar el barco para ir mar a dentro  a aventurarte con Dios en el mar profundo de la fe, una pastoral familiar participación mas directas con la pastoral a nivel zonal pues Dios da los talentos para que los multipliquemos no para quedarnos ahí.

Recuerdo que un joven decía que eso de la pastoral eso de los grupo de oración eran etapas que ya el supero esas etapas que eran etapas de muchachos, como si Dios fuera una etapa como si servir por amor a los hijos del creador de la vida era una etapa. una cosas es que agotes tus estadías y otras es que te agarres de una vana excusa para no servir.

Otro caso fue que encontré con un conocido del grupo y le he preguntado " Hola hermano ¿como esta? -muy bien y tu - yo muy bien y dime ¿que tal va tu vida de fe? -bueno yo me convertí eso del grupo de jóvenes era una etapa de muchacho ya yo estoy en el evangelio.. Mi respuesta a todo este drama fue " wao en esta supongo que hacéis lo que no hacías en el grupo de jóvenes.

Estas son personas que viven su vida de fe vagamente sin hacer nada y sin dejar hacer, y cuando salen por ahí se dejan desviar y siente solo un soplo y creen que ha encontrado algo sin saber las grandes bendiciones que dejaron al salir de casa.

no echemos la culpa a nuestra falta de responsabilidad espiritual a los procesos y etapas ,usamos con responsabilidad en vivir nuestra vida de fe nuestra vida espiritual sin excusas que Cristo no puso excusas para morir por nosotros.
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¿Está bien que un cristiano Abrace un árbol?

¿Está bien que un cristiano Abrace un árbol?
Si algo existe, de lo que debe ser bueno, porque Dios lo creó. Sabiduría capítulo 11:

    Amas a todos los seres que son 
    y de las que nada de lo que has hecho;
    por lo que odiabas, que no tendría moda.

   Y entonces ... Jesús en el evangelio de hoy se da vuelta y dice que no podemos ser sus discípulos si no renunciamos a todas nuestras posesiones. Entonces, ¿dónde está el truco? ¿No deberíamos ser como Dios? ¿Debemos amar a sus criaturas, o no?

   La respuesta es sí, pero sin dejarse colocadas. Así que lo que necesitamos saber: ¿Qué significa estar conectado?

   Según San Juan de la Cruz, el desapego es tan importante como Santa Teresa de 5 condiciones de Ávila, si queremos experimentar a Dios en la oración contemplativa (link).

Así que primero, lo accesorio no es:
  • Atracción: El hecho de que usted los encuentra atractivos cuando caminan por y llaman la atención, no quiere decir que está conectado. Es humanamente saludable para sentirse atraído por lo que es bello.
  • Posesión: El hecho de que usted es dueño de algo, no significa que se le atribuye. No todas las personas ricas están unidos, y no todos los pobres son separados.
  • Disfrute: Cuando te sientas y profundizar en su hamburguesa, es bueno que usted experimenta placer.
Lo que adjunto es:
  • El apego es cuando nos volvemos un extremo en un medio . Al igual que el amor por el dinero. El dinero no sirve a ningún propósito que no sea lo que nos permite comprar lo que necesitamos.
  • O apego va en contra de la voluntad de Dios . Mientras usamos las cosas con el propósito que tenía previsto, entonces no estamos apegados. Por ejemplo, los cónyuges deben poder disfrutar de los besos de los demás, ya que esto es parte del plan de Dios para el matrimonio.
  • O, por último, el apego es cuando utilizamos las criaturas de Dios en exceso . Al igual que cuando usted abre su armario y encontrar que usted tiene 100 pares de zapatos innecesarios.
   Una de las mejores maneras de liberarse del apego es el uso de los deseos naturales y placeres positivamente como trampolines a Dios, por ejemplo, mediante el aumento de su mente y corazón en acción de gracias al experimentar las alegrías de un vaso de cerveza fría ... junto con la sabrosa hamburguesa.

   Nadie puede dejar de disfrutar de las cosas, pero como cristianos ni debemos! Más bien, cada disfrute individual debe recordarnos que somos creados para mejor. Porque el cielo, dicen, será el cumplimiento de todos nuestros deseos naturales.

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¿Y si hoy fuera el último día de mi vida?

¿Y si hoy fuera el último día de mi vida?
No pretendemos asustar a nadie, al hablar de la muerte. Vamos a considerarla como maestra de vida, vamos a decirle que nos enseñe a vivir. Será una maestra severa, pero nos dice la verdad. Aunque sólo fuera para que no nos ocurra aquello de: ¨cuando pude cambiar todo, arreglar todo, no quise hacerlo; y, ahora que quiero, ya no puedo”. 

Vivir como si fuera hoy el último día de mi vida, es una fantástica forma de vivir. A la luz de este último día debiéramos analizar todas las decisiones grandes y pequeñas de la vida. Ahora nos engañamos, hacemos cosas que no nos perdonaremos a la hora de la muerte. Simplemente analiza esto: Si hoy fuera el último día; ¿qué pensarías de muchas cosas que has hecho hasta el día de hoy? En ese último día pensarás de una forma tan radicalmente distinta del mundo, de Dios, de la eternidad, de los valores de esta vida. 

Si nosotros no pensamos en la muerte, ella sí piensa en nosotros. Dios nos ha dado a cada uno un cierto número de años, y, desde el día que nacemos, comienza a caminar el reloj de nuestra vida, el que va a contar uno tras otro todos los días, el que se parará el último día, el de nuestra muerte. Este reloj está caminando en este momento. ¿Me encuentro en el comienzo, a la mitad, cerca del final? ¿Quizá he recorrido ya la mitad del camino? 

Si alguna vez he visto morir a una persona, debo pensar que por ese trance tengo que pasar yo también. La muerte no respeta categorías de personas: mueren los reyes, los jefes de estado, los jóvenes, los ricos y los pobres. Como decía hermosamente el poeta latino Horacio: “La muerte golpea con el mismo pie las chozas de los pobres y los palacios de los ricos”. 

Hay una fecha en el calendario, que sólo Dios conoce, no la conocemos nosotros. La muerte no avisa, simplemente llega. Podemos morir en la cama, en la carretera, de una enfermedad..., algunos hemos tenido accidentes serios; pudimos habernos quedado ahí. 

La muerte sorprende como ladrón, según la comparación puesta por el mismo Cristo hablando de la muerte. No es que nos pongamos pesimistas. Él quería que estuviéramos siempre preparados. Sus palabras exactas son: “Vigilad, porque no sabéis el día ni la hora; a la hora que menos penséis, vendrá el Hijo del Hombre”. El ladrón no pasa normalmente tarjeta de visita; llega cuando menos se piensa. Nadie de nosotros tenemos escrito en nuestra agenda: “Tal día es la fecha de mi muerte y la semana anterior debo arreglar todos mis asuntos, despedirme de mis familiares, para morir cristianamente”. 

Si somos jóvenes, estamos convencidos de que no moriremos en la juventud; nos sentimos con un gran optimismo vital: “No niego que voy a morir algún día, pero ese día está muy lejano”. Si es uno mayor, suele contestar: “Me siento muy bien”. 

La experiencia nos demuestra que cada día mueren en el mundo alrededor de 200 mil personas. Entre ellos hay hombres y mujeres, jóvenes y viejos, y muchos niños. Ningún momento más inoportuno para la cita con la muerte que un viaje de bodas; y, sin embargo, varios han muerto así. Con 20 años en el corazón parece imposible morir, y sin embargo, se muere también a los 20 años. Recuerdo una persona que sacó su boleto de México a Monterrey y sólo caminó 15 kms. 

Puesto que hemos de morir sin remedio, no luchemos contra la muerte sino a favor de la vida. Si hemos de morir, que sea de amor y no de hastío. 



  • Preguntas o comentarios al autor
  • P. Mariano de Blas LC 
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    Adora y confía

    Adora y confía
    No te inquietes por las dificultades de la vida
    por sus altibajos, por sus decepciones,
    por su porvenir más o menos sombrío.
    Quiere lo que Dios quiere.
    Ofrécete, en medio de inquietudes y dificultades,
    El sacrificio de tu alma sencilla que, pese a todo,
    acepta los designios de su providencia.
    Poco importa que te consideres un frustrado
    si Dios te considera plenamente realizado:
    a su gusto.
    Piérdete confiado ciegamente en ese Dios
    que te quiere para sí,
    y que llegará hasta ti, aunque jamás lo veas.
    Piensa que estás en sus manos,
    tanto más fuertemente tomado
    cuanto más decaído y triste te encuentres.
    Vive feliz. Te lo suplico.
    Vive en paz.
    Que nadie te altere.
    Que nadie sea capaz de quitarte tu paz.
    Ni la fatiga psíquica. Ni tus fallos morales.
    Haz que brote, y conserva siempre sobre tu rostro
    una dulce sonrisa, reflejo de la que el Señor
    continuamente te dirige.
    Y en el fondo de tu alma coloca, antes que nada,
    como fuente de energía y criterio de verdad
    todo aquello que te llene de la paz de Dios.
    Recuerda: cuanto te oprima e inquiete es falso.
    Te lo aseguro en nombre de las leyes de la vida
    y de las promesas de Dios.
    Por eso, cuando te sientas apesadumbrado, triste.
    ADORA Y CONFÍA…”
    Igleisa.org
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    La experiencia de sentir el amor de Dios

    La experiencia de sentir el amor de Dios
    Somos fruto de nuestra historia, la suma de todo lo que hemos vivido desde nuestra concepción; cada acontecimiento, feliz o desdichado, se ha inscrito en nuestra carne, y aunque nuestra memoria no lo recuerde, nuestro cuerpo sí se acuerda de todo.
    Él lleva la huella de cada herida, de cada rechazo, de cada gesto o palabra que ha podido darnos la sensación de no ser amados y, por lo tanto, de ser culpables. Es extraño lo profundamente enterrado en nosotros que está ese sentimiento de culpabilidad.
    La primera vez que un niño pequeño se siente rechazado, simplemente porque no se le escucha, porque su madre está cansada u ocupada con otro de sus hijos, el niño no comprende, se siente herido, y de la herida nace el sentimiento de que, si no es amado, es porque no es amable, y de que, si es rechazado, es porque es culpable, sin saber bien de qué. Ese sentimiento de culpabilidad le corroe en su interior, mina su confianza, le hace dudar de sí mismo y de los demás, y condiciona muchos de sus actos sin que él se dé cuenta. (...)
    Así la experiencia del amor de Dios que un día tenemos, como la tuvo esa joven, no cambia nuestra historia ni lo que nos ha modelado, pero nos cambia a nosotros, porque nos revela que Dios nos ama, tal como somos, no tal como habríamos querido ser, no tal como la sociedad o nuestros padres habrían deseado que fuéramos, sino tal como somos hoy, con nuestras debilidades, nuestras heridas, nuestros temores, nuestras cualidades y nuestros defectos. Tal como somos hoy, somos amados por Dios. 
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    Probablemente la foto más tierna jamás obtenida en una ordenación: pero todo tenía un porqué.

    Probablemente la foto más tierna jamás obtenida en una ordenación: pero todo tenía un porqué.

    La imagen empezó a circular sin que estuviesen muy claras las circunstancias. La tumba dio las primeras pistas.

    La foto daba vueltas y suscitaba en algún foro católico comentarios sobre la "precoz vocación" del pequeño, pero había poca información sobre su origen hasta que Daniel Hamiche hizo una pequeña investigación en Risposte Catholique.

    El ordenando y el niño están sobre la tumba de Richard S. Baker, lo que permitió deducir que se trata de la iglesia de Santa María de la Anunciación en Charleston (Carolina del Sur), donde fue enterrado en 1870 un sacerdote irlandés que respondía a ese nombre, nacido en 1806.

    Una vez localizado el lugar fue más fácil averiguar la circunstancia. La imagen corresponde a una ordenación de diácono en el ámbito del Ordinariato Personal de la Cátedra de San Pedro, que acoge en la Iglesia a antiguos episcopalianos (anglicanos de Estados Unidos).

    El diácono que, tumbado sobre el suelo, es Patrick S. Allen, quien recibió las órdenes de Robert E. Guglielmone, obispo de Charleston, y al parecer el niño que quiso curiosear qué estaba pasando allí e imitar el gesto es su hijo. En efecto, Patrick era pastor episcopaliano y estaba casado, lo cual no impide la ordenación merced a la excepción establecida en la constitución Anglicanorum Coetibus, dada por Benedicto XVIel 4 de noviembre de 2009 precisamente para recibirles.

    En esa misma iglesia, el próximo 7 de julio, Allen será ordenado sacerdote. Y aunque la reverencia obliga a los asistentes a prestar atención a la ceremonia... ¿quién se resistirá a vigilar con el rabillo del ojo qué hace esta vez el joven "seminarista"?
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    Mi aventura y como vivirla.

    Mi aventura y como vivirla.
    Buenas hermanos y hermanas, lectores y seguidores de este blogs que durante mucho tiempo hemos estado trabajando para que se lleven algo bueno y positivo de este espacio cibernetico.

    Estoy viviendo una experiencias con Dios, lo mas intenso que allá podido vivir.  Estoy en los extremos, para explicárselo de una manera mas jocosa y divertida, me encuentro como en un juego de estrategia para dos personas, esperando detrás de una puerta la llave que tiene el pase al otro nivel y mi compañero "Dios" esta buscando puntos por ahí para mi, y yo loco por salir del mundo por que todos los malos vienen para donde mi no para donde el.

    Dios nos enseña a vivir al máximo  nuestro día a día, nosotros estamos acostumbrados a solo pasar de nivel sin Disfrutar todo el alrededor del mundo, y la verdad, se los estoy contando pero no es que domino esto, es difícil, siempre creí que una aventura con Dios era ir a sacar demonios, que lo es, pero .... mas difícil es avanzar en tu día sin nada y sin saber donde vas a conseguir lo que necesitas para sustentarte, y la única carta que tienes, e ignoras que es la mas importante, es la oración acompañada de unas dos rodillas.


    La verdades es que no me acostumbro a la intensidad de Dios, pero si se que no puedo hacer nada, yo no tengo méritos, no tengo títulos, no soy nada de lo que aparento ser, y he vivido en un engaño conmigo mismo, haciendo creer a la gente y a mi mismo que soy un profesional y que se me debemos tratar con respeto, y tengo que estar por encima de muchos por que yo tengo un anillo.

    Descubrí que nada de eso es mio, y volviendo al plano del juego,  esto que siento  como cuando hago trampa en un juego de estrategia o en un juego de sims  que hago el truco del dinero y lo tengo todo y armo un cason y alardeo de eso como que fue por mis méritos. Es lo mismo, Dios me lo día todo, sin trampas y todo es de El. El lo permitió así en mi vida, pero por eso no voy a vivir una vida de humillación y estancarme a decir que nada puedo , claro que podemos, el que "Disfrutar con todas nuestras fuerzas las intervenciones de Dios en nuestras vida".

    Hermano y aun que no domino esto que te estoy contando,  te invito y me invito a mi mismo a no desaprovechar esta oportunidad de vivir la aventura mas extraordinaria que Dios nos regala, que es "EL  DÍA A DÍA"
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    La humildad de un triunfador

    La humildad de un triunfador
    Resucito


    Del santo Evangelio según san Juan 20, 19-31 

    Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré». Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído». Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre. 

    Oración introductoria 

    ¡Señor mío y Dios mío! Ten compasión de mí porque, como Tomás, hay ocasiones en que dudo de mi fe. En este domingo que me invitas a contemplar tu inmensa misericordia, que me muestras tu costado y tus llagas, y me invitas a experimentar tu cercanía por medio de la oración, no puedo más que decir: ¡Tú, Señor, eres mi Dios! 
    Petición 

    Jesús, sana mi incredulidad y dame la fe para saber apreciar siempre tu Divina Misericordia. 

    Meditación del Papa 

    Esta misión de Cristo, este dinamismo suyo continúa en el espacio y en el tiempo, atraviesa los siglos y los continentes. Es un movimiento que parte del Padre y, con la fuerza del Espíritu, lleva la buena noticia a los pobres en sentido material y espiritual. La Iglesia es el instrumento principal y necesario de esta obra de Cristo, porque está unida a Él como el cuerpo a la cabeza. "Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo". Así dice el Resucitado a los discípulos, y soplando sobre ellos, añade: "Recibid el Espíritu Santo". Dios por medio de Jesucristo es el principal artífice de la evangelización del mundo; pero Cristo mismo ha querido transmitir a la Iglesia su misión, y lo ha hecho y lo sigue haciendo hasta el final de los tiempos infundiendo el Espíritu Santo en los discípulos, aquel mismo Espíritu que se posó sobre él y permaneció en él durante toda su vida terrena, dándole la fuerza de "proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista"; de "poner en libertad a los oprimidos" y de "proclamar el año de gracia del Señor". (Benedicto XVI, 11 de octubre de 2012). 

    Reflexión 

    ¡¡Jesús ha resucitado!! Ésta es la noticia más importante de todo el Evangelio. Debería haber ocupado, con enormes titulares, la primera página de todos los periódicos del país y de todo el mundo conocido de la época... Y, sin embargo, como siempre, Dios nos confunde. Sucedió de noche, sin que nadie apenas se enterara. Sí, de noche. Así son todos los grandes acontecimientos de Dios... Este Dios nuestro tiene un sentido del humor bastante fino y ocurrente. Parece que Dios se divierte gastándoles bromas a los hombres para jugar luego con ellos a las "escondidas". Y mientras se esconde, se sigue riendo traviesamente -como hace el papá con su hijo pequeño- a ver si nosotros somos capaces de descubrirlo y de encontrarlo en medio del bosque o del jardín.... 

    Pero Dios, con este modo de actuar, nos está revelando su infinita humildad, bondad y condescendencia. Sólo un Dios puede ser tan humilde. Como nuestras alabanzas no lo engrandecen, se puede dar el lujo de esconderse y de pasar desapercibido... 

    Tampoco así se nos impone a fuerza de evidencias, sino que respeta nuestra libre elección. Porque nos ama como un auténtico Padre. Sólo los seres verdaderamente grandes son también profundamente humildes. Muy al contrario de nosotros, a quienes tanto nos fascina el ruido, la vanidad y el "cacareo" en todo lo que hacemos; nos encanta que el mundo entero se dé cuenta de nuestras "hazañas" y nos alabe por las "bobadas" que realizamos como si fueran el heroísmo más espectacular de la historia... ¡Qué pequeños y ridículos somos tantas veces! Y Dios se debe de seguir riendo de nosotros... Al menos así se "divierte". 

    También a Jesús le gusta esconderse y pasar desapercibido. Porque es Dios. Su nacimiento en Belén ocurrió en medio de la noche. Pasó treinta largos años de su vida escondido en la aldea de Nazaret, "de noche". Como la primera Pascua de la historia, cuando Dios liberó al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto. O al igual que la primera Pascua cristiana, la de aquel gran Jueves Santo... ¡De noche! De noche quiso morir -¡hasta el mismo sol se eclipsó en pleno mediodía!- y de noche quiso ser sepultado en la tierra. 

    Y ahora, su gran triunfo, su victoria definitiva, su resurrección, se realiza de noche y a la vista de casi nadie. ¿Por qué? Además de revelarnos su humildad divina, este modo de actuar es una fuerte llamada a nuestra conciencia y a nuestro corazón para invitarnos a estar en vela, con los ojos del alma y del cuerpo bien atentos y despiertos. No nos vaya a ocurrir lo mismo que les pasó a los apóstoles la noche de aquel primer Jueves Santo, después de la Ultima Cena -que fue también la primera Cena de la nueva alianza-: ¡se quedaron dormidos en el huerto, mientras su Maestro allí, en Getsemaní, entraba en agonía! 

    Pero también actúa así para que nuestra respuesta a Él sea en la fe, en el amor auténtico, en la humildad y en la libertad. Nadie vio cómo resucitó el Señor, ni a qué hora sucedió aquel portento... ¡y es el evento más grandioso de nuestra fe y el más decisivo de todo el cristianismo!... Sí. La resurrección de Jesús es la “Buena Nueva” por antonomasia, anunciada por Jesús mismo durante su vida pública y proclamada por la Iglesia de todos los tiempos. Si su nacimiento en Belén fue un hecho que llenó de inmensa alegría el orbe entero -y todos los años lo celebramos con desbordante júbilo en la Navidad- su resurrección lo es aún más. Los ángeles cantaron a coro el "Gloria in excelsis Deo" la noche santa de Belén, y también ellos fueron los únicos testigos -además de aquellos soldados romanos que estaban de guardia, ¡tan cobardes!, que no fueron capaces de convertirse luego en pregoneros del hecho más portentoso de la historia-. Y si el nacimiento de Jesús es un motivo de dicha para el mundo entero, su resurrección es la máxima coronación de toda su vida y su plan redentor. 

    El misterio del Dios hecho Hombre, que se encarnó por amor a nosotros y nació para salvarnos, encuentra su pleno cumplimiento en el triunfo glorioso y definitivo de su resurrección. Si todo hubiera acabado con su muerte, Cristo no sería sino sólo un gran hombre, como cualquiera de nosotros, y su vida habría sido la de un profeta excepcional, y nada más. Pero si Cristo ha resucitado y ha salido de la tumba con su propio poder, es la señal más clara de que es verdaderamente Dios, todopoderoso, el Señor absoluto de la vida y de la muerte. Y entonces todo lo anterior recibe su explicación y máxima justificación. 

    Pero, además, sus apariciones después de su resurrección... ¡muchas de ellas serán también de noche o casi a escondidas, con la presencia de unos cuantos, sus amigos predilectos! También aquí nos vuelve a sorprender el Señor: "Al anochecer de aquel día, el primero de la semana... entró Jesús y se puso en medio de ellos" -nos dice el Evangelio de hoy. 

    ¡El Señor ha resucitado! Sí, pero lo ha hecho "como callandito" -según la dulce expresión de santa Teresa- y en silencio. No con trompetas y espectacularidades. Nunca ha actuado así el Señor. También en su gloriosa resurrección sabe ser humilde... ¡Qué impresionante es el modo de actuar de Dios! Cualquiera de nosotros hubiéramos preferido "restregarles" en la cara a los fariseos y a los sumos sacerdotes esta victoria para que se dieran cuenta con quién se estaban metiendo y para humillarlos en su derrota. Cristo no. Nunca ha actuado así. Y tampoco en su resurrección. 

    Propósito 

    Celebrar hoy con alegría la Divina Misericordia, aprendiendo de Jesús a ser misericordioso con lo sdemás. 

    Diálogo con Cristo 

    Jesús, también en la victoria tenemos que ser humildes, sencillos y discretos como Tú. Ése será un gran testimonio de nuestra fe ante todo el mundo, como lo fue en los primeros siglos de la Iglesia. 
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    Creo en la misericordia divina.

    Creo en la misericordia divina.

    Los católicos acogemos un conjunto de verdades que nos vienen de Dios. Esas verdades han quedado condensadas en el Credo. Gracias al Credo hacemos presentes, cada domingo y en muchas otras ocasiones, los contenidos más importantes de nuestra fe cristiana. 

    Podríamos pensar que cada vez que recitamos el Credo estamos diciendo también una especie de frase oculta, compuesta por cinco palabras: "Creo en la misericordia divina". No se trata aquí de añadir una nueva frase a un Credo que ya tiene muchos siglos de historia, sino de valorar aún más la centralidad del perdón de Dios, de la misericordia divina, como parte de nuestra fe. 

    Dios es Amor, como nos recuerda san Juan (1Jn 4,8 y 4,16). Por amor creó el universo; por amor suscitó la vida; por amor ha permitido la existencia del hombre; por amor hoy me permite soñar y reír, suspirar y rezar, trabajar y tener un momento de descanso. 

    El amor, sin embargo, tropezó con el gran misterio del pecado. Un pecado que penetró en el mundo y que fue acompañado por el drama de la muerte (Rm 5,12). Desde entonces, la historia humana quedó herida por dolores casi infinitos: guerras e injusticias, hambres y violaciones, abusos de niños y esclavitud, infidelidades matrimoniales y desprecio a los ancianos, explotación de los obreros y asesinatos masivos por motivos raciales o ideológicos. 

    Una historia teñida de sangre, de pecado. Una historia que también es (mejor, que es sobre todo) el campo de la acción de un Dios que es capaz de superar el mal con la misericordia, el pecado con el perdón, la caída con la gracia, el fango con la limpieza, la sangre con el vino de bodas. 

    Sólo Dios puede devolver la dignidad a quienes tienen las manos y el corazón manchados por infinitas miserias, simplemente porque ama, porque su amor es más fuerte que el pecado. 

    Dios eligió por amor a un pueblo, Israel, como señal de su deseo de salvación universal, movido por una misericordia infinita. Envió profetas y señales de esperanza. Repitió una y otra vez que la misericordia era más fuerte que el pecado. Permitió que en la Cruz de Cristo el mal fuese derrotado, que fuese devuelto al hombre arrepentido el don de la amistad con el Padre de las misericordias. 

    Descubrimos así que Dios es misericordioso, capaz de olvidar el pecado, de arrojarlo lejos. "Como se alzan los cielos por encima de la tierra, así de grande es su amor para quienes le temen; tan lejos como está el oriente del ocaso aleja Él de nosotros nuestras rebeldías" (Sal 103,11-12). 

    La experiencia del perdón levanta al hombre herido, limpia sus heridas con aceite y vino, lo monta en su cabalgadura, lo conduce para ser curado en un mesón. Como enseñaban los Santos Padres, Jesús es el buen samaritano que toma sobre sí a la humanidad entera; que me recoge a mí, cuando estoy tirado en el camino, herido por mis faltas, para curarme, para traerme a casa. 

    Enseñar y predicar la misericordia divina ha sido uno de los legados que nos dejó el Papa Juan Pablo II. Especialmente en la encíclica Dives in misericordia (Dios rico en misericordia), donde explicó la relación que existe entre el pecado y la grandeza del perdón divino: "Precisamente porque existe el pecado en el mundo, al que Dios amó tanto... que le dio su Hijo unigénito, Dios, que es amor, no puede revelarse de otro modo si no es como misericordia. Esta corresponde no sólo con la verdad más profunda de ese amor que es Dios, sino también con la verdad interior del hombre y del mundo que es su patria temporal" (Dives in misericordia n. 13). 

    Además, el beato Juan Pablo II quiso divulgar la devoción a la divina misericordia que fue manifestada a santa Faustina Kowalska. Una devoción que está completamente orientada a descubrir, agradecer y celebrar la infinita misericordia de Dios revelada en Jesucristo. Reconocer ese amor, reconocer esa misericordia, abre el paso al cambio más profundo de cualquier corazón humano, al arrepentimiento sincero, a la confianza en ese Dios que vence el mal (siempre limitado y contingente) con la fuerza del bien y del amor omnipotente. 

    Creo en la misericordia divina, en el Dios que perdona y que rescata, que desciende a nuestro lado y nos purifica profundamente. Creo en el Dios que nos recuerda su amor: "Era yo, yo mismo el que tenía que limpiar tus rebeldías por amor de mí y no recordar tus pecados" (Is 43,25). Creo en el Dios que dijo en la cruz "Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen" (Lc 23,34), y que celebra un banquete infinito cada vez que un hijo vuelve, arrepentido, a casa (Lc 15). Creo en el Dios que, a pesar de la dureza de los hombres, a pesar de los errores de algunos bautizados, sigue presente en su Iglesia, ofrece sin cansarse su perdón, levanta a los caídos, perdona los pecados. 

    Creo en la misericordia divina, y doy gracias a Dios, porque es eterno su amor (Sal 106,1), porque nos ha regenerado y salvado, porque ha alejado de nosotros el pecado, porque podemos llamarnos, y ser, hijos (1Jn 3,1). 

    A ese Dios misericordioso le digo, desde lo más profundo de mi corazón, que sea siempre alabado y bendecido, que camine siempre a nuestro lado, que venza con su amor nuestro pecado. "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo quien, por su gran misericordia, mediante la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha reengendrado a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, inmaculada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, a quienes el poder de Dios, por medio de la fe, protege para la salvación, dispuesta ya a ser revelada en el último momento" (1Pe 1,3-5). 
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    ¿Eres tú el Hijo del Dios ?

     ¿Eres tú el Hijo del Dios ?
    Sí, es tu decisión. Esta es tu opción por el amor: aceptar mansamente el camino de la cruz para demostrarme hasta dónde eres capaz de amarme.

    Fue necesaria la oración del huerto para afrontar con majestuosidad el desenlace del drama: tu pasión bendita. 

    Porque fuiste tú quien salió al paso de la cohorte. Quien con tu sola palabra la derribaste, pero no huiste, pues tu decisión era entregarte. Te arrastraron cargado de cadenas, como si se tratase de un asesino: comenzaba el reino de la injusticia a desquiciar toda medida de humanidad. 
    Y Pedro salió a tu defensa. Pero tú detuviste su espada. Hubiera muerto por ti, pero no era ese tu plan ni el estilo de tus seguidores. 
    No. Guarda tu espada, Pedro, que Cristo necesita de otros apoyos, de otras defen-sas. Esas que desconoces y que te llevarán a renegar de él por tres veces consecutivas: la oración y la vigilancia. Tú dormías, él rezaba. 
    Todo el poder divino desplegado para calmar las aguas del lago de Tiberíades, en otra ocasión, hoy enmudece, reprimido bajo la humilde y paciente aceptación del plan del Padre. No hay odio ni fulgurantes rayos que eliminaran a los soldados. Sólo entrega mansa y consciente. Amorosa, decidida, total. 

    Te conducen ante Anás. Te interrogan. Permanecías callado y cuando respondes lo haces con lógica desarmante, con sencillez, con dignidad. ¿La reacción? Una bofetada prepotente de quien deseaba congraciarse con su jefe. ¿Y tu respuesta? Contundente y señorial: “Si he hecho mal, demuéstramelo. Si no ¿Por qué me pegas?” 

    Te llevan ante el Sanhedrín reunido en pleno. Te montan un juicio, contrario a la ley, que prohibía hacerlo de noche. Además, no te proporcionan un abogado defensor. Un juicio en donde la justicia brillará por su ausencia. 
    Se levanta el telón. Y comienza el teatro. Los actores ejecutan sus papeles como pueden. Se multiplican las acusaciones falsas, contradictorias, y tú callas. Contemplas con infinita conmiseración a aquellos pobres títeres del poder humano, quizá empujados a levantar falsos a fuerza de amenazas o de dinero. Sobran los gritos y aspavientos pasionales. 
    Y veinte siglos después los hombres seguimos sin aceptar tu evangelio, obcecados en nuestros criterios, rechazando la belleza de tu persona, la fuerza de tus milagros, el perdón de tu corazón, tu testimonio a favor de la verdad. Y permanecemos voluntariamen-te en el error, viendo en ti al enemigo nefando de nuestro reino de apariencias e intereses egoístas. 
    Juran. Se contradicen. Te interrogan. ¿Y tú? Callas. Es la mejor respuesta. Allí no hay más que uno que domina la situación: tú mismo. Tu silencio pesa como una losa sobre sus conciencias. Les duele. 
    Por eso tienen que desafiarte, tocando la herida más íntima de tu ser: “¿Eres tú el Hijo del Dios viviente?” A lo que no puedes responder sino afirmativamente, con plena consciencia de las consecuencias que esto comporta: “¡Sí, tú lo has dicho. Yo lo soy!” 

    Caifás se rasga las vestiduras, en gesto hipócrita. ¿Es que no tenía decidida, de antemano, tu sentencia de muerte? “¡Blasfemo!” El Dios que les has revelado les incomoda mucho, les asusta, porque no lo pueden manipular. Por eso tienen que deshacerse de él, a como dé lugar. 
    Ahora bien, cuando debías callar, para salvarte, hablas y cuando –para salvarte- deberías hablar, como ante Pilato, callas. ¿Por qué? Parece como si tú mismo intentaras echarte la soga al cuello. Como si fueses tú quien tuviese la última palabra para decidir qué hacer con tu vida: “Por esto el Padre me ama, porque yo doy mi vida por mis ovejas. Nadie me la quita, yo la doy por mí mismo. Tengo poder para darla y para volverla a tomar. Tal es el mandato que del Padre he recibido”. 

    Sí, es tu decisión. Esta es tu opción por el amor: aceptar mansamente el camino de la cruz para demostrarme hasta dónde eres capaz de amarme; el valor infinito del alma humana y la terrible seriedad de cada pecado, boleto de entrada al infierno. 

    Y aquí todo lo sucedido es históricamente comprobable: no son relatos edificantes, no es teatro religioso, no son la expresión de nuestras piadosas intenciones. Documentos romanos lo avalan. Y dado que podrías habernos redimido con un solo gesto significa que aceptar tu pasión y llevarla hasta las últimas consecuencias quiere decir que tu amor por nosotros, por cada uno, es simplemente extraordinario, infinito y total. Te has jugado todas las cartas para recuperarme. Has apostado todo, y perdiste, para ganarme. Si mueres en una cruz, en medio de los estertores más desesperantes…es que tu amor es simplemen-te apasionado, es locura, es el cielo recobrado. 
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    Desenmascarando el Traidor

    Desenmascarando el Traidor

    Hoy voy a vivir todas las exigencias de mi fe
    por el P. James Swanson, LC | Fuente: Catholic.net
    Mateo 26:14-25
      
    Oración introductoria: 
    Señor Jesús, quiero que te acompañe de cerca en el camino al Calvario. Si yo fuera a contemplar más a menudo como usted cuelga azotado y sangriento en la cruz, estoy seguro de que sería capaz de descansar en su amor y de la base de que mis acciones en una sola verdad. Yo sé que tú me has amado con un amor eterno: la ha probado que hay en el madero de la cruz. Así que me largo a responder con gratitud, la paz y la firme voluntad de difundir su amor a todo el mundo.

    Petición: 
    Señor Jesús, ayúdame a permanecer fuerte en mi fe.

    1. Uno de los Doce, un traidor? 
    A menudo pensamos que Judas debe haber sido diferente, obviamente peor que los otros discípulos. Si eso fuera cierto, todo el mundo lo habría sospechado cuando Jesús dijo: "Uno de vosotros me va a entregar."Ellos habrían pensado: "Debe ser Judas Él siempre ha sido malo Él es capaz de traicionar a Jesús que no sé por qué Jesús lo escogió...." En cambio, Judas no se destacan por ser peor de lo que eran. Si lo hacía, habrían sospechado de él inmediatamente. Cada uno de nosotros, a su vez, podría convertirse en un Judas, poco a poco primero, al renunciar a nuestros principios en las pequeñas cosas y, posteriormente, en asuntos más importantes. En la vida cristiana siempre tiene que ser una sana tensión de extendiéndome y de vigilancia. El que es fiel en lo poco es confiable en asuntos mayores.

    2. ¿Seré yo? 
    Los apóstoles están preguntando: "¿Seré yo?" ¿Por qué? ¿Hubo algún deseo generalizado de que le entregase el que fueron apenas mantener el control? No, pero estaban en una situación muy peligrosa. Los fariseos habían decidido matar a Jesús. El apóstoles lo sé. Es por eso que todo el grupo se había ido a vivir en Jericó durante un tiempo. Jerusalén era demasiado peligroso. Pueden imaginarse a sí mismos siguiendo a Jesús al templo al día siguiente, siendo dout único en el aplastamiento de la multitud y luego tener su amenazado de muerte a proporcionar información sobre dónde se puede encontrar a Jesús en la noche. Ellos se preguntan lo que iba a decir. Con mi vida en la línea iba a traicionar a Jesús? Por eso se preguntan: "¿Seré yo?" A la hora de la verdad, ¿qué es lo primero en mi vida? ¿Podría alguna vez considerar la venta hacia fuera en Jesús por algo o alguien más?

    3. La vigilancia del corazón: 
    Judas tenía todo lo que necesitaba para ser un gran apóstol. Tenía un corazón magnánimo, por eso Jesús lo escogió. Dios nunca nadie destina al fracaso. Entonces, ¿qué le pasó? En algún momento dejó de trabajar en su amistad con Jesús. Algunos podrían señalar el momento del discurso sobre el pan de vida registrada en Juan 6. Judas no podía aceptar que tenía que comer el cuerpo de Jesús y beber su sangre. Jesús debe estar mal, y por eso es un falso Mesías. Juan 6:64 nos dice que Jesús sabía quién lo iba a entregar sería.Jesús da a Judas la oportunidad de dejar el grupo y seguir siendo un hombre honesto en Juan 6:67. En cambio, se queda, convertirse en un hipócrita "diablo" en las palabras de Jesús y comienza el camino que llevará a la traición. Sabiendo que mi fe es el don más precioso que hemos recibido de Dios, puedo ver una y alimentar mi fe para que crezca y sea fuerte?

    Conversación con Cristo: 
    Señor, te he traicionado tantas veces,
    incluso cuando hago una cosa tan simple como 
    no dar gracias en un restaurante por miedo
    que los demás se darán cuenta que soy un católico. 
    Que la experiencia de su Pasión y 
    muerte, ayúdame a tener el valor de 
    vivir por mis convicciones en todo momento.

    Resolución: 
    Hoy voy a vivir todas las exigencias de mi fe, especialmente en los momentos en los que me señalan como un seguidor de Cristo. Hoy no voy a traicionar, incluso en la más pequeña forma.
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